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Un mejor trabajar

07/06/2015|Posted in: Sociedad

El equipo de Salud Mental de la APDH hace un balance del recorrido de sus talleres para desocupados, trabajadores y `dis-trabajadores´: desde 1996 –cuando se llamaban `Capacitación para la búsqueda de trabajo´– hasta 2009, cuando se llaman `¿Resignarse con lo que hay o protagonizar una transformación?´.

El equipo de Salud Mental de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) se dedica desde 1984 a trabajar los efectos de la `violencia simbólica´ sobre la subjetividad. Al comienzo, fue sobre las consecuencias psicosociales del terrorismo de Estado al comenzar la democracia; luego sobre la violencia institucionalizada hacia los jóvenes; y, desde 1996 hasta la actualidad, estamos evaluando que el derecho al trabajo viene siendo violado sistemáticamente sin ser significado como tal.

La desesperación y la desilusión ante la caída de un Estado supuestamente protector, la ausencia de `tercero de apelación´ (véase Ulloa, Fernando: `Notas para una clínica de la crueldad´, en revista Clínica y Análisis Grupal, Nº 80, 1999, Madrid), están muy presentes en las personas que concurren a los talleres que ofrece la APDH, en búsqueda de trabajo o de un mejor trabajar. Paulatinamente se dejó de esperar de ese Estado y se empezó a poner el énfasis en la acción de grupos organizados de la comunidad. Esto trajo tropiezos y desilusiones, pero también aprendizajes y la apertura de nuevos horizontes.

Ante la ausencia de trabajo y la precariedad laboral, aparece la necesidad de reclamo. Como no hay ante quién hacerlo, la comunidad empieza a organizarse para situaciones específicas. Lo que antes se le pedía al Estado se traslada a la posibilidad conjunta de construcción colectiva: organizaciones en red como asambleas barriales, comedores comunitarios, trueque, salas de primeros auxilios, cooperativas barriales, revistas de personas desocupadas, bolsas comunitarias de trabajo, etcétera. Estos modos de organización, espontáneos y puntuales, pueden ser vistos –desde una posición estereotipada– como adoleciendo de una falta de continuidad, propia de la posmodernidad. En cambio, abordados desde una mirada libre de preconceptos, pueden visualizarse como una nueva posibilidad de resolución de situaciones específicas, mediante agrupaciones espontáneas que constituyen estrategias de defensa ante la caída del Estado y la vulnerabilidad social.

Por el modo en que se han medido y se siguen midiendo los índices de desocupación, se camuflan tanto la desocupación como el trabajo en condiciones precarias (distrabajo). La sociedad fue significando como mentirosos los índices de desocupación y pobreza y la llamada canasta básica, mentira que todos conocen y que gracias a la conciencia colectiva disminuye sus efectos como `violencia simbólica´, con las consabidas consecuencias de anonadamiento y paralización. Según Pierre Bourdieu (La reproducción, Ed. Laia, Madrid, 1974), `violencia simbólica´ es aquella violencia verbal que, ejercida desde el poder, tiende a producir un modo de percibir el mundo de acuerdo con los intereses de ese poder, cambiando las categorías de percepción de las personas.

En la actualidad, el capitalismo está en crisis. Ya no aparecen como confiables el Estado capitalista ni el capital internacional. No hay rincón donde resguardarse para estar a salvo. La brecha social continúa en aumento, haciendo que el pánico de pasar a quedar excluido se incremente, como efecto de esta `crisis actual de los incluidos´ (`Las crisis reales y las crisis canallas´, por Sandra Russo, en Página/12, 7 de marzo de 2009). Hoy los desocupados se multiplican, así como también los `dis-trabajadores´; llamamos distrabajadores a las personas que trabajan en condiciones insuficientes y no dignas para su sostén emocional y económico, incluido el trabajo en negro (Aguiar, E., y Vinitsky, M.: `No puedo porque mi marido está sin trabajo…´, en Página/12, 17 de abril de 2008). Todas estas variables hacen que la necesidad de organizarse en una comunidad de pares se vuelva imperiosa.

Como equipo, nos pusimos a reflexionar acerca del modo en que convocamos a participar de nuestros talleres a lo largo de estos años. La primera convocatoria (1996) fue ofrecer talleres de `Capacitación para la búsqueda de trabajo´. Notamos que tanto los participantes como nosotros mismos nominábamos a quienes concurrían como `desocupados´. Muchos de ellos se presentaban diciendo `Soy desocupado´, categorizando una situación transitoria con una nominación identitaria.

Luego comenzamos a convocar a `trabajadores sin trabajo´ (1999), y, más tarde, empezamos a incluir a los `distrabajadores´ sin haberlos todavía conceptualizado como tales. Lo hicimos mediante las siguientes preguntas: `¿Tienes trabajo?´, `¿Estás conforme con tu trabajo?´, `¿Te sientes reconocido, valorado, bien remunerado y con posibilidades de desarrollo?´ (2004).

En 2006 la convocatoria fue: `¿Es posible trabajar y disfrutar trabajando?´

Hoy estamos convocando del siguiente modo: `¿Cómo tener un mejor trabajar y buscar trabajo en esta crisis?´, `¿Resignarse con lo que hay o protagonizar una transformación?´ (2009). Estos cambios dan cuenta de que, a partir de nuestro trabajo y de los aportes de los participantes, se fue produciendo una mutua transformación subjetiva.

Por el Equipo de Salud Mental de la APDH

http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-126051.html

Divaneos

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