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Hacerse con la Escuela

04/06/2015|Posted in: Psicoanálisis

Jacques Alain Miller señala dos elementos en relación a la Escuela psicoanalítica: la soledad de cada sujeto que forma parte de ella y la comunidad que llega a tener lugar, y entre ambos un proceso de subjetivización. En paralelo a la autorización de uno mismo como analista va surgiendo el deseo de ser-con otros analistas, un transito obligado desde la soledad de una elección a la comunidad de un espacio y un tiempo compartidos.

Se trata de un recorrido lleno de avatares: Autorizarse como practicante, solicitar y ser admitido como parte de la comunidad, pasar de alumno a colega, ir conociendo la Escuela, hacerse un lugar en ella y mantener la transferencia de trabajo dentro de la comunidad, son caminos arduos, largos en el tiempo y sostenidos únicamente gracias al deseo. A través de este camino el sujeto podrá hacerse con la Escuela, habitarla al tiempo que revisa aspectos claves de la propia subjetividad que se despliegan en la experiencia de irse adentrando del mismo modo que en la cura.

En el atrevimiento de habitar la Escuela uno enfrenta sus dificultades singulares en la vida colectiva, la soledad en la relación con el propio inconsciente. En tanto que uno se recoloca ante estas dificultades puede seguir habitando la Escuela.

Tomaremos el texto de Esperanza Molleda que nos lleva por el lado del deseo que sostiene la travesía. En la precariedad de la relación del sujeto con la palabra, existe un significante del otro, insignia de su omnipotencia, al que el sujeto se aliena dando lugar al Ideal del yo. Freud nos enseña como este Ideal del yo toma cuerpo en una persona ajena facilitando el lazo social. En la Escuela no es el Ideal del yo común el que une, sin embargo el hecho de que el vínculo se establezca prioritariamente a través de la transferencia hace que uno se vea abocado a la propia relación con el Ideal del yo. Es fácil dejarse llevar por el espejismo de que éste o aquél si que sabe, por la ilusión de que la falta puede ser colmada, que hay una respuesta correcta, y por el imperativo superyoico de acercarse a este ideal.

Freud analiza los efectos de este imperativo, por un lado, cuando el sujeto se percibe alejado de este ideal, melancolía, severidad para con uno mismo, empequeñecimiento, sometimiento, inhibición, y desvanecimiento del deseo. Por otro lado, cuando el sujeto se confunde con este ideal, manía, disminución de la capacidad crítica, desinhibición, ceguera narcisista, cierta adicción a ser objeto de transferencia, y resistencia a ser desalojado del lugar de supuesto saber. En esta encrucijada, el propio análisis permite asumir la inconsistencia del otro e inventar otra relación.

También desde el deseo encontramos que toca poner el cuerpo, que oscila entre la fascinación ilusoria de una imagen unificada y lo real del cuerpo que desborda ese espejismo. A pesar de saber de nuestra condición de sujetos divididos, gran parte del trabajo pasa por intercambios desde el yo. El sujeto se aliena en un intento de consistencia en su imagen totalizante. Y es que la Escuela conlleva el encuentro con los otros, tan similares y tan radicalmente diferentes, y de un modo u otro representan una amenaza para el inestable yo, que se ve en la necesidad de librar con envidias, antagonismos, inseguridades. De ahí también los peligros de la identificación que sortea rivalidades y desvitaliza la comunidad por sus efectos masificantes.

El sujeto tendrá que indagar en el análisis otros acomodos posibles: el semblante como alternativa a la imagen ideal del cuerpo, el síntoma como alternativa a la función del yo, y la búsqueda de un buen lugar junto a los otros frente a la oposición especular y mortífera.

De otro lado queda la palabra de la Escuela, que construye la comunidad y produce efectos. De ahí el compromiso de los integrantes de exponer y exponerse a ella. Pero esta relación no es sencilla, tan pronto hay un exceso como un defecto. Por momentos, todo es ruido, enmarañamiento, repetición, y luego, silencio, secreto, ocultación. El exceso aburre, irrita, inhibe, degrada la palabra. El silencio inquieta, produce desconfianza, incertidumbre. Pero ambos tienen su función, exceso y repetición en la transmisión del discurso, y el silencio para poder leer, escuchar, producir…

Otro aspecto del deseo es que el discurso se dirige a otro,quien interpreta y produce significación. Entre el silencio y el ruido cada analista tendrá que tomarse el trabajo de captar la palabra plena, esa que sorprende y que funda una nueva manera de entender, esa palabra tras la cual uno ya no es lo que era.

En relación al fantasma encontramos el deseo de colectivizar la singularidad de ser analista. El deseo de Freud, del que deriva la Sociedad Analítica, está fundado en la lógica edípica, en la creencia en el padre -o su autoridad- en el lugar de excepción. El deseo de Lacan, del que deriva la Escuela, sigue otra lógica más allá del edipo, que apuesta por una comunidad hecha de una serie de excepciones, de soledades no equiparables las unas a las otras… un conjunto inconsistente asociado a la lógica del no-todo.  Por último, está el deseo de cada uno, convocado a interpretar a Lacan para así medir la diferencia entre la causa del deseo propio y el ideal. Una vez más será a través del análisis que se indague la causa del deseo. Involucrarse en la comunidad ciñe cuál es el ideal común.

En la interacción entre deseo y fantasma surge la transferencia, la suposición de saber. En el paso de psicoanalizante a psicoanalista, el sujeto ve zozobrar este asidero. El semblante vendría a ser velo que cubre la falta, un semblante propio -dice Malengreau-, un semblante ligado a la marca singular de la palabra en el sujeto, a los puntos de cristalización que se hacen valer como anclaje en lo real, ligado a la verdad del sujeto, la que se capta a través de los fracasos, ligado a ese punto de goce singular que no cede. Sería un semblante no dado, que necesita del análisis para situar sus coordenadas. Un semblante propio que permite volverse a uno responsable del avance de la Escuela.

Marta López Monís

Bibliografia:

Hacerse con la Escuela, Esperanza Molleda.

Borde de semblante, Malengreau.

Psicología de las masas y análisis del yo, Freud.

Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela, Lacan.

Divaneos

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